1. Dios
nos ha revelado o mostrado la verdad y su voluntad mediante la Palabra
a.
“Toda la Escritura es inspirada por Dios” 1 Ti. 3: 16, “Todo lo que
está escrito en la Biblia es el mensaje de Dios”, “es un mensaje enviado por
Dios”, “dada por el aliento de Dios”. Toda Escritura plasmada por escrito en la
Biblia viene del Respiro de Dios. Biblia
es los libros sagrados. La Biblia es llamada en el verso 15 “Las Sagradas
Escrituras”, para diferenciarla de otros escritos.
Dios
se revela a la humanidad de diversas maneras, con especial claridad en los
Testamentos: Antiguo y Nuevo. Aceptamos estos escritos divinamente
inspirados como la Palabra de Dios que goza de autoridad para saber qué hacer
correctamente, cuál es la verdad, cuál es la voluntad de Dios, para dejarnos
guiar por ella y para conocer nuestro futuro en Cristo Jesús.
EL mensaje de la Biblia es
útil para: 1) Enseñarnos: Nos muestra que es la verdad. 2) Reprendernos: Nos hace ver lo
que está mal en nuestras vidas. 3) Corregirnos: Nos muestra en que estamos
equivocados. 4) Instruirnos: Nos guía a hacer lo correcto, lo que Dios espera
que hagamos.
2. Dios
nos ha hablado por medio de Los Profetas y por medio de su Hijo Jesucristo.
a.
Quienes hablaron o escribieron lo hicieron siendo inspirados por el Espíritu
Santo 2 Pe. 1. 19-21. 1) Se nos habla de
la Palabra Profética que nos ha llegado por escrito a nuestras vidas. Se nos anuncia que debemos estar atentos a
ellas como una antorcha que nos alumbra el entendimiento y nuestro camino como
nuestras decisiones. 2) Ninguna Profecía de la Escritura es de interpretación
privada, es decir es pública, todos pueden entender y comprender su mensaje y
llegar unánime a su significado. No hay
un mensaje oculto en sus escritos. Estos hombres no escribieron por su voluntad,
sino que fueron guiados por voluntad del Espíritu Santo a decir o escribir la verdad.
b. Heb. 1 1-3 Dios nos ha hablado de muchas maneras en el pasado: habló
por sueños, habló por visiones, habló por palabra audible, habló por acertijos.
Y este mensaje nos llegó por medio de los profetas. En el pasado hubo hombres y mujeres que
hablaron inspirados por el Espíritu Santo para dar a conocer la voluntad de
Dios. Para este tiempo el mayor profeta
ha sido el propio Hijo de Dios, quien constituyó el universo, por medio de su
Palabra. Él, es revelado como la sustancia misma del Padre. El Hijo, es de la misma naturaleza del Padre,
es igual a él y luego de haber muerto por nuestros pecados está sentado a su
derecha esperando que todos sus enemigos sean puestos debajo de sus pies.
3. Dios
sigue hablando a su iglesia mediante profetas, mensajes proféticos, visiones y
sueños.
a.
Dios
nos manda a no apagar el Espíritu, y a no menospreciar las profecías, a que las
examinemos y conservemos lo mejor. (1 Tes. 5: 19-21). El apóstol Pablo dice que todos podemos
profetizar (1 Co. 14: 1-2), pero que debemos hacerlo con orden, por turno. La iglesia debe “discernir”, juzgar esa
profecía, debe considerar lo que se ha dicho, debe examinar para ver si el
mensaje es de parte de Dios o no. (1 Co. 14: 29-31). El Señor nos manda a probar los espíritus a
ver si provienen de Dios o no porque muchos falsos profetas han salido por el
mundo. Hay que ponerlo a prueba a ver si el espíritu que está en ellos es de
Dios, (1 Jn. 4:1).
b. El Profeta Joel dijo sobre este tiempo: "Sucederá después de esto que derramaré mi Espíritu sobre todo mortal. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán. Vuestros ancianos tendrán sueños; y vuestros jóvenes, visiones. En aquellos días también derramaré mi Espíritu sobre los siervos y las siervas. Joe. 2:28 -29 (Rv 89). Esta Palabra profética está vigente. Estudios serios demuestra que la vigencia de todos los dones a lo largo de la historia es una realidad. Puedo certificarte hoy día en mi vida y nuestra congregación que así es.
c. La supremacía de la palabra escrita revelada sobre la profecía congregacional es clara. La palabra escrita apela a la objetividad y sustentabilidad del sistema doctrinal de la Iglesia. La profecía congregacional o personal esta dirigida para corregir (como también hicieron los profetas antiguos), al Pueblo de Dios, para convocarlo a volverse a la obediencia de su palabra. Sirvió y sirve aun para dar direccionalidad a una persona, ministerio o congregación. No existe la dictadura profética. El profeta habla y la congregación Juzga. Dios habla a la comunidad de fe, no sólo a un individuo. Los autores bíblicos en el pasado sólo tenían escrito El Antiguo Testamento, y bajo la guía del Espíritu Santo indagaban diligentemente a ver si las profecías o los mensajes proféticos o evangelísticos de Pablo estaban conforme a las Escrituras. "Pero éstos eran de mente más abierta que los que estaban en Tesalónica, y recibieron la palabra con buena disposición, examinando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así." Hch 17:11; BTX
Cristo convenció a sus discípulos, que era necesario que el padeciera, muriera y resucitara, con Las Escrituras. No sólo con sus apariciones. Después de su resurrección estuvo por 40 días ministrandole la Palabra de Dios sobre el reino de Dios (Hch. 1:3; Luc. 24: 44-46).

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